Dos historiadores, una misma pasión

Por Gregorio A. Caro Figueroa, Académico correspondiente en Salta.

Los separaban 200 kilómetros, la distancia entre Catamarca y Tucumán, sus ciudades. También 15 años de edad: Armando Raúl Bazán había nacido en Córdoba en 1925. Carlos Páez de la Torre, en la ciudad de Buenos Aires en 1940. Más allá de lugares de nacimientos, los reunían raíces provinciales. Después los acercó la consagración a la investigación, escritura y difusión de la historia local y regional, punto de mira que no contrapusieron a la historia nacional. La pertenencia de ambos a la Junta de Estudios Históricos de sus provincias, los reencontró como miembros de Número de la Academia Nacional de la Historia.

Armando Bazán murió el 20 de junio de 2019. Tenía 93 años. Nueve meses después, el 27 de marzo de 2020, Carlos Páez de la Torre falleció a los 79 años. El 11 de septiembre de 2018 los dos conversaron por última vez en la Academia Nacional de la Historia. Bazán regresó después de larga convalecencia, superado ese difícil trance. Es posible que ese día Bazán hubiera querido repetir el dicho de un antiguo misionero del Tucumán que él recordaba: “Mi corazón no está cansado de empresas y de misiones”. Durante años, Páez de la Torre recorrió 1.200 kilómetros en ómnibus para asistir con puntualidad a reuniones de la Academia. Aquel día estaba con la energía, entusiasmo, proyectos y el buen humor y elegancia de siempre.

Ambos compartieron, aportaron conocimientos, temas y estilos enriqueciendo las páginas de Todo es Historia. Repitiendo a John Donne, la muerte de un ser humano nos disminuye. También éstas sentidas pérdidas pueden atenuarse. Nos consuela la esperanzadora apuesta de Blas de Otero: “nos queda la palabra”. De ellos, nos quedan sus palabras y afanes, estampados en letras, volcadas en libros.

Durante 44 años Páez de la Torre formó parte del primer grupo de colaboradores de nuestra revista. Su vinculación y amistad con Félix Luna fue anterior a sus aportes a estas páginas y excedió sus límites. En 1983, Luna le confió la redacción de un tomo de la colección “Memorial de la Patria”, dedicado a El derrumbe de la Confederación (1855-1862). Su primer artículo en Todo es Historia se incluyó en julio de 1969 sobre “Los tiempos de don Lucas Córdoba”. El último, en febrero de 2013: “La Batalla de Salta, una gloriosa jornada”. Desde 1971 hasta 2012, Páez de la Torre publicó 11 libros de historia. Comenzó con «Luis F. Nougués» (1871-1915). Concluyó con «Porteños, provincianos y extranjeros en la Batalla de Tucumán» (2012). Mencionar uno de sus libros no implica ignorar ni minusvalorar otros. Destacar «La cólera de la inteligencia. Una vida de Paul Groussac», no es un capricho excluyente, porque es la primera y única biografía documentada y completa de Groussac. Editada en 2005, había comenzado a gestarla 35 años antes. En 1985, meses antes de su muerte, Borges advirtió: “Groussac merece una biografía; una biografía que prescinda del ditirambo y de la hipérbole. Groussac fue un destino curioso, y merecería un biógrafo sensible a ese destino”. En esa obra, Páez de la Torre demostró serlo. No es posible, separar sus libros de la prosa sobria y clara de sus artículos en revistas académicas, y de miles de notas periodísticas publicadas en La Gaceta de Tucumán, donde trabajó 60 años como editorialista, e infatigable investigador de archivos. Tampoco es posible amputar de esa obra su valoración del documento fotográfico como fuente complementaria de archivos de papeles. Esa valoración y pasión por el testimonio fotográfico era la energía que sostenía e impulsaba su empeñosa búsqueda y su detallado estudio. Consagró años a la organización y edición, en impecables libros, de parte de su valiosa colección de imágenes. Pasión que nació de un recuerdo negativo: haber visto el abandono y arrojo a la basura de fotos antiguas. Entre 2001 y 2019, fruto decantado de sus rescates, editó 6 cuidados libros con imágenes, aporte excepcional, a la altura de los mejores álbumes de la Argentina y América Latina.

Durante 25 años, Armando Bazán, de forma intermitente, fue colaborador de Todo es Historia. En julio de 1972, publicó su primer artículo sobre “Joaquín V. González: gobernador de La Rioja”. El último, en mayo de 1997, sobre “Ramón Rosa Olmos, un benemérito de la cultura”. Bazán hizo estudios primarios en La Rioja. En 1934, con 9 años, se radicó en Catamarca, “una ciudad hospitalaria y familiar”. Después, residió en Buenos Aires donde estudió en el Instituto del Profesorado. A comienzos de los ´50, después de 5 años de ausencia, regresó a Catamarca y se incorporó como docente del Instituto del Profesorado. Decisión que, años más tarde, Bazán consideró una osadía: “Tenía nada más que 25 años y venía a formar profesores”, confesó. En los comienzos de su carrera docente se propuso integrar la historia regional cuyos cimientos había que rescatar de los casi olvidados archivos locales. En 1953 se incorporó a la Junta de Estudios históricos de Catamarca. Lo hizo presentando su primer trabajo sobre “Catamarca y la destitución de Celedonio Gutiérrez”, gobernador de Tucumán derrocado después de Caseros. En 1958 formó parte de la organización del Primer Congreso de Historia de Catamarca. Por sus actividades y su labor como investigador fue incorporado como miembro correspondiente en 1971 y, años después, como académico de número y secretario.

En los casos de Bazán y Páez de la Torre, los hechos refutaron la supuesta incompatibilidad entre historia nacional y local. En 1979, Bazán publicó: Historia de La Rioja, le siguieron otros 14 de su autoría.Su último libro, La cultura del Noroeste argentino (2000), completó su trilogía iniciada con Historia del Noroeste argentino (1984) y El Noroeste y la Argentina contemporánea (1992). Concluyó su obra con dos textos testimoniales: Meditación al atardecer y Personalidades benefactoras de mi destino. Fue docente de la Universidad de Catamarca e investigador del CONICET. Escribió Félix Luna, es “uno de esos hombres que constituyen la sal de la tierra: los que en su comunidad activan, estimulan, promueven y vivifcan”. A partir de picadas abiertas por sus predecesores, Luna, Páez de la Torre y Bazán ensancharon caminos. Ninguno de ellos usó la historia para “organizar intelectualmente el odio” sino para abonar terrenos de una Argentina mejor.

Nota editorial publicada en el n° 628 de la Revista «Todo es Historia»: www.todoeshistoria.ar.

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